Abstente, en cuanto sea posible, de los placeres del amor, antes de casarte: si los disfrutas, que sea según la ley. Pero no juzgues con demasiada severidad a aquellos que sobre este punto tienen principios menos severos; no los reprendas agriamente, y no publiques, ni te alabes a todo momento de tu continencia. Epicteto, Enquiridión 48